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Arreglar un aparato eléctrico a golpes


¿Cuantas veces no se nos ha echado a perder un radio, un televisor o cualquier aparato eléctrico y lo hemos arreglado de un golpe? En mi caso muchas veces.

¿Cuál será la razón por la que estos aparatos tienen la capacidad de acomodarse por el hecho de golpearlos? Es contrario a toda lógica. El sentido común dice que se dañarían más aún, incluso tu mamá seguramente te diría lo mismo si te ve golpeando el televisor, pero muchas veces funciona.

Yo tenía un monitor de computadora de aquellos RGB de 16 colores que de repente se ponía daltónico y mostraba los colores cambiados. Pues la solución perfecta cuando esto pasaba era darle un trancazo por un lado y los colores volvían a la normalidad. Al final tuve que cambiar el monitor, no porque dejara de funcionar mi método, sino porque el trancazo que le tenía que dar ya me hacía doler la mano.

Hace un tiempo el modem de mi computadora comenzó a fallar, a veces parecía que no hacía buen contacto con el cable del teléfono y no era capaz de conectarse. La solución: levantar un poco la computadora del lado del modem y dejarla caer sobre la mesa. ¡Listo!

Ahora, mi computadora empezó a hacer ruidos como si fuera una motocicleta acelerando. Además de los ruidos no había efecto aparente en su funcionamiento así que no le hice mayor caso, aunque sabía que en cualquier momento podía arrancar como una moto y dejarme con el mouse en la mano. Después de unas horas por fin windows se dio cuenta de lo que pasaba y me dijo algo como “Advertencia: el ventilador de la computadora parece que quiere salir volando por su cuenta. ¡Apágala la máquina ya!”

Así que la apagué y me armé con destornilladores de todos los tamaños para ver si llegaba hasta el ventilador y podía cambiarlo por uno de otra computadora vieja que tenía por ahí. Resultó que el ventilador de la vieja no le servía, así que no me quedó más que volver a atornillar el que tenía y volver a cerrar la máquina. Por no dejar la prendí, y resulta que ahora está funcionando a la perfección sin hacer ruidos.

O yo soy muy bueno desatornillando y atornillando cosas, o estos aparatos eléctricos muchas veces lo que necesitan es un recordatorio de cual es su trabajo. Un susto les cae bien: “Sabes qué computadora, si sigues fastidiando vas a ir a parar al cuarto de los trastos encima del betamax, así que mejor te pones las pilas.” Eso o un golpe. El golpe también los asusta.

Imagínense que esto pase también con el cuerpo humano. Cuantos doctores no habrán abierto un paciente y no encuentran nada malo.
- Oye, pero si este riñón está perfecto.
- Bueno, entonces déjaselo ahí y cóselo.
- Menos mal, porque yo lo que iba a hacer era darle un golpe contra la mesa para ver si se acomodaba.
Y después sale el paciente feliz:
- ¡Gracias doctor, me siento muy bien!
- Ehhh… ok… bueno, pase por caja.

Ir a un juego de béisbol


Me encanta ir al estadio de béisbol. Hace mucho tiempo que no iba y ayer por fin pude sacar el tiempo para hacerlo y recordé lo interesante y entretenido que es. Aunque también encontré muchas cosas cambiadas.

Algo que no cambia es la característica de gymkhana o rally que tiene el hecho de ir al estadio. Uno pensaría que a estas alturas del siglo XXI la compra de los boletos sería algo fácil, que se podrían comprar en distintos sitios, en internet o con algo de anticipación. Pero no, hay que ir a comprarlos al mismo estadio, el mismo día del partido, y hacer varias horas de colas o regatear con revendedores, estando pendiente de que no te roben la cartera o el celular. Lo irónico es que existe una página web donde supuestamente se venden las entradas, pero nunca funciona. Para mi, que los buhoneros que se paran frente al estadio tienen la página hackeada para que nadie pueda comprar por ahí y tengan que pasar por en frente de ellos y comprarles alguna gorra, camisa, pincho, etc.

Una vez pasada la primera etapa de la gymkhana viene la siguiente que consiste en estacionarse. De nuevo, uno se imaginaría que habría un amplio estacionamiento, con varias entradas, con gente dirigiendo el tráfico… Pero no, ¿que chiste tendría? El estacionamiento consiste en la combinación de los estacionamientos de los centros comerciales vecinos al estadio. Al que yo fui, tenía 2 canales de entrada, pero ¿para que abrir los dos si se puede abrir solo uno? Así que había que luchar carro a carro en el embudo previo al canal de entrada, para ganarse ese puesto. Luego, encima de la máquina dispensadora de tickets había un tipo que se tardaba 2 minutos escribiendo a mano la hora y la placa del carro sobre el ticket. Por favor no pregunten para qué está la máquina, ¿no ven que es parte de la gymkhana?

Ahhh… finalmente estacionado es hora de entrar al estadio.

Adentro es donde encontré algunas cosas cambiadas. Antes solían vender muchas cosas en el estadio, pero ahora es realmente un mercado persa. Antes lo que vendían era cerveza (1 solo tipo), perros calientes, refrescos, souvernirs del equipo local y por supuesto, papita, maní y tostón. Ahora además de eso venden: todo tipo de cervezas, whisky 18 años, pizzas, empanadas, arepas, cotufas, shawarmas… de todo. ¡Incluso escuché que gritaban “carpacho”! Aunque mi esposa me dice que era “pistacho”, pero yo sigo creyendo que en algún lugar del estadio hay alguien que vende carpacho.

Bueno, después de nueve entradas bebiendo, comiendo, gritando y celebrando haber finalizado con éxito la gymkhana de entrada al estadio, mi equipo terminó perdiendo por paliza. Pero no importa, es parte de la experiencia.

Es interesante como el deporte es el único espectáculo en donde pasa esto. Uno paga por verlo, muchas veces lo hacen mal, pero igual uno vuelve. Es como ir a un concierto y que el cantante desafine y se olviden las letras de las canciones, al guitarrista se le rompan tres cuerdas y el baterista le abra un hueco a la batería de un golpe, y al final digamos “no importa, vuelvo mañana a ver como les va, y de paso busco a ese vendedor de carpacho que quedé con ganas de uno.”