Los vigilantes siempre necesitan creer que tienen el control. Es algo que aprenden en la Escuela de Vigilantes: “Siempre háganle creer a la persona con que están que ustedes saben exactamente lo que están haciendo y que todo lo hacen por una razón.”Desde que me gradué, cuando voy a la universidad tengo que entrar como visitante, y cada vez que voy a entrar es el mismo cuento con el vigilante:
- ¿A dónde va?
- Soy visitante –le digo, porque yo ya sé que lo que tengo que hacer es cruzar a la derecha y estacionarme en el estacionamiento de visitantes.
- Pero ¿a dónde va?
- Soy exalumno y vengo a buscar unos papeles…
- Cruce a la derecha y estaciónese en el estacionamiento de visitantes.

Muchas veces los vigilantes son solo un patético intento de hacer ver que existe algún tipo de resistencia en contra de alguien que no quiera cumplir con la ley o seguir las reglas. Un ejemplo es el caso de los vigilantes de los edificios. Uno llega y ellos están ahí vigilando, a veces nos abren la puerta o nos ayudan con las bolsas del mercado, pero ¿qué pasaría si llega un malandro armado a robar?. ¿Qué va a hacer un señor desarmado, que en muchos casos no tienen ni uniforme para destacarse de entre los demás?. Algunos no tienen ni radio ni un teléfono cerca para comunicarse con alguien. Pues yo creo que lo que pueden hacer es lo mismo que hacen con los inquilinos del edificio, verlos llegar, verlos salir, abrirles la puerta y si es necesario ayudarlos a cargar lo que llevan.

Otro buen ejemplo es el de los vigilantes que están en las entradas a las urbanizaciones. Yo he descubierto que la mayoría dejan pasar a la gente si dicen la contraseña, que después de mucho tiempo estudiándolos he llegado a la conclusión de que es: levantar la mano ligeramente en señal de saludo y decir “Buenas…”. Ese es el abracadabra de ellos. Inmediatamente levantan el tubito para que uno pase.

Y, por último, el más patético de los ejemplos es el vigilante que se para en la salida de algunos supermercados o tiendas a “revisar” las bolsas y las facturas. Sobre todo para el caso de los supermercados, estos tienen que ser una clase de hombres biónicos. Uno sale con un carrito repleto de productos metidos en varias docenas de bolsas, les entrega un ticket de medio metro de largo y ellos lo agarran, lo observan detenidamente, luego meten su mano en una que otra bolsa, vuelven a observar el ticket y lo sellan. Listo. Revisaron que los 247 productos que aparecen en el ticket son los que llevo en las bolsas. Ni uno más ni uno menos.

Los dueños de estos supermercados se pueden sentir seguros de que nadie va a lograr robarse un producto. El problema debe ser conseguir un buen vigilante biónico.




Comentarios 2 Leer
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Posted by manuel | Mayo 12th, 2006 0:08

epale manolo…coño ayer lei nuevamente la historia del dentista….y a pesar del pocote de años que han pasado…aun me río con eso…me hizo acordar de muchas vainas…de aquella época tan depinga que pasamos….del cole y todo aquello…fue una etapa de nuestras vidas que disfruté…gracias por el recuerdo…un abrazo…alejo.



Posted by manuel | Mayo 16th, 2006 13:16

Totalmente cierto…creo que hemos hablado de este tema muchas veces…lo mejor es cuando damos un nombre de un artista o personalidad en la vigilancia tratando de no reirse al ver que preguntan como se deletrea.



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