Ir a un juego de béisbol


Me encanta ir al estadio de béisbol. Hace mucho tiempo que no iba y ayer por fin pude sacar el tiempo para hacerlo y recordé lo interesante y entretenido que es. Aunque también encontré muchas cosas cambiadas.

Algo que no cambia es la característica de gymkhana o rally que tiene el hecho de ir al estadio. Uno pensaría que a estas alturas del siglo XXI la compra de los boletos sería algo fácil, que se podrían comprar en distintos sitios, en internet o con algo de anticipación. Pero no, hay que ir a comprarlos al mismo estadio, el mismo día del partido, y hacer varias horas de colas o regatear con revendedores, estando pendiente de que no te roben la cartera o el celular. Lo irónico es que existe una página web donde supuestamente se venden las entradas, pero nunca funciona. Para mi, que los buhoneros que se paran frente al estadio tienen la página hackeada para que nadie pueda comprar por ahí y tengan que pasar por en frente de ellos y comprarles alguna gorra, camisa, pincho, etc.

Una vez pasada la primera etapa de la gymkhana viene la siguiente que consiste en estacionarse. De nuevo, uno se imaginaría que habría un amplio estacionamiento, con varias entradas, con gente dirigiendo el tráfico… Pero no, ¿que chiste tendría? El estacionamiento consiste en la combinación de los estacionamientos de los centros comerciales vecinos al estadio. Al que yo fui, tenía 2 canales de entrada, pero ¿para que abrir los dos si se puede abrir solo uno? Así que había que luchar carro a carro en el embudo previo al canal de entrada, para ganarse ese puesto. Luego, encima de la máquina dispensadora de tickets había un tipo que se tardaba 2 minutos escribiendo a mano la hora y la placa del carro sobre el ticket. Por favor no pregunten para qué está la máquina, ¿no ven que es parte de la gymkhana?

Ahhh… finalmente estacionado es hora de entrar al estadio.

Adentro es donde encontré algunas cosas cambiadas. Antes solían vender muchas cosas en el estadio, pero ahora es realmente un mercado persa. Antes lo que vendían era cerveza (1 solo tipo), perros calientes, refrescos, souvernirs del equipo local y por supuesto, papita, maní y tostón. Ahora además de eso venden: todo tipo de cervezas, whisky 18 años, pizzas, empanadas, arepas, cotufas, shawarmas… de todo. ¡Incluso escuché que gritaban “carpacho”! Aunque mi esposa me dice que era “pistacho”, pero yo sigo creyendo que en algún lugar del estadio hay alguien que vende carpacho.

Bueno, después de nueve entradas bebiendo, comiendo, gritando y celebrando haber finalizado con éxito la gymkhana de entrada al estadio, mi equipo terminó perdiendo por paliza. Pero no importa, es parte de la experiencia.

Es interesante como el deporte es el único espectáculo en donde pasa esto. Uno paga por verlo, muchas veces lo hacen mal, pero igual uno vuelve. Es como ir a un concierto y que el cantante desafine y se olviden las letras de las canciones, al guitarrista se le rompan tres cuerdas y el baterista le abra un hueco a la batería de un golpe, y al final digamos “no importa, vuelvo mañana a ver como les va, y de paso busco a ese vendedor de carpacho que quedé con ganas de uno.”

14 pensamientos en “Ir a un juego de béisbol

  1. LEYRE BALSERA GALLEGO

    tu debes estar un poquieto chalao, has escrito la buena chapa pero se te a olvidado lo mas importante, EL JUEGO!!!.

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