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Facebook: Ya no me gusta (tanto)

Facebook es un verdadero fenómeno. Medio planeta está suscrito a esta red social que nos permite conectarnos con nuestros amigos (y no tan amigos) y mantenernos informados sobre lo que hacen, dejan de hacer, piensan o dejan de pensar, en cada momento de sus vidas.

El problema es que muy poca gente tiene una vida lo suficientemente interesante, por lo que nos vemos obligados a “retocarla” un poco para poder presentarla en facebook. Y como todo el mundo lo hace, entramos en un círculo vicioso, de no querer que tu vida se vea peor que la de aquellos compañeros de clase que te caían mal, por lo que cada vez la retocas y la retocas más. Como si le aplicaras un photoshop a tu vida. Pero si la retocas mucho al final tu vida parece un caricatura.

Que tu amigo publica fotos de su nueva casa. Tú pones fotos de tu nuevo carro -piensas: ¡ja!. Que ahora pone en su estado que está en el aeropuerto camino a Miami. Tú pones fotos del último carnaval que pasaste en Tucacas -lo importante es pasarlo bien. Que pone fotos de su novia, una rubia alta con pinta de modelo. Tú ves a tu esposa, y pones más fotos de Tucacas -maldita sea, ya me vengaré luego.

Para lograr verte bien en facebook, la foto de perfil es primordial. No se pone cualquier foto. Tiene que ser una donde la iluminación te favorezca, no se vean arrugas, te veas interesante, con un toque de misterio, casual y un poco sexy pero no mucho. Todo esto, sin que parezca que la foto fue preparada.

Está la típica foto que los chamos se sacan en el baño de la casa de los papás, apuntando la cámara al espejo y haciendo una pose sexy. Ellos se concentran en su pose y no se dan cuenta que al lado del lavamanos se ven cosas poco sexys, como un cepillo lleno de pelos, una caja de supositorios, o la dentadura postiza de la abuela. Además, lo que no cuadra con la pose sexy y la mirada penetrante es que tienen en una mano la cámara colgando, como quien no quiere la cosa. El cuerpo entero asume la posición “sexy”, excepto el brazo que ese día tiene que trabajar de fotógrafo. Como si iban pasando por ahí y de repente el brazo papparazzi sale de la nada y “clic”. -Oye brazo, te quedó buena esa foto. La voy a poner en facebook.

Un tipo de foto de perfil poco recomendable es la de los hijos. Hay gente que pone la foto de su hijo y luego no se dan cuenta de los comentarios que hacen: -”Magallineros cagaos. Bésenme el culo… jajaja”. Y resulta que la foto de quien lo dice es un bebé en un cochecito con un chupón en la boca.

En facebook se pueden diferenciar varios tipos de usuarios:

Están los que necesitan demostrar desesperadamente a los demás que son felices. En su estado ponen cosas como “que bella es la vida”, “estoy enamorada”, o directamente “soy feliz”. Abren galletitas de la fortuna todos los días, y sin importar cual sea el mensaje le sacan el lado bueno. -”Te vas a morir el domingo”. – “¡Yupi! Mejor así porque el lunes tenía dentista y me iba a taladrar una muela.” Además, cada cosa que publican la comentan y recomentan e incluso le ponen “Me gusta”. Facebook debería validar esto y no dejarles el botoncito de “me gusta” o que si hacen click salga un mensaje que diga “Esto lo publicaste tú. Ya nos imaginamos que te gusta.”

Hablando del botoncito de “me gusta”, creo que facebook debe considerar cambiarlo a algo como “me parece interesante” o algo así. Porque se dan casos como que alguien publica una noticia “Más de 500 muertos en terremoto en Chile” y al lado dice: “A 37 personas le gusta esto”. Qué hijos de puta.

Y en cuanto a las galletitas de la fortuna, vamos a ver, primero que nada, es un programa de computadora que te muestra mensajes aleatorios. Entiendo que por curiosidad la gente abra una galletita, pero hay algunos que abren 3 o 4 al día. ¿Creerán que hay bruja sentada frente a una computadora en las oficinas de facebook, haciendoles una predicción del futuro?

Otro tipo de usuario de facebook es el que instala todo tipo de aplicaciones que le pasan por delante. Las benditas galletas de la fortuna, la mafia, los animalitos de la granja, el calendario de cumpleaños que igual si no lo instalas facebook lo tiene pero si lo instalas agarramos tu email y te mandamos spam. Y te mandan mensajitos como “Pedro te manda un regalo de la mafia”, “María encontró un tesoro y quiere compartirlo contigo”, “José te mordió y te convirtió en vampiro”, “Pepita es ahora una granjera”. Me gustaría que algún día se mezclaran las aplicaciones y saliera algo como “La mafia se robó el tesoro de María e invadió la granja de Pepita”.

Luego están los más jóvenes, que se comunican en su propio lenguaje codificado: “osea!! q lnd n dnd s hp # ;) =D, bis”. Creo que hay una aplicación de facebook que descodifica estos mensajes.

Están los que actualizan sus estado con los mínimos detalles de lo que hacen durante todo el día. “Vía al trabajo, tremenda cola”, “Almorzando donde la Sra. Juana”, “De regreso a casita, qué día”. Coño, me quedo dormido viendo “Bourne Ultimatum”, no me va a ladillar la historia de su día…

También está el que hace igual que el anterior, pero todo lo escribe en inglés. “Going home”, “thanks god its frifay”. Que ya no me acuerdo si es que no hablaban español. Si les comento una foto no sé en que idioma lo tengo que hacer.

También están las parejas casadas que parece que se comunican más por facebook que en la realidad. Uno pone una foto, el otro la comenta. Uno dice algo en el estado, el otro pone “me gusta”. Coño, lo tienes al lado, ¡díselo en persona!.

Otro tipo de usuario es el fan de los deportes. Que publica todos los días el resultado del partido de la noche anterior con comentarios denigrantes de los demás equipos y sus fans. Más aún, algunos ponen hasta resultados parciales. Y luego publican fotos de montajes donde un marinero se coge a un león, o un barco se hunde en un campo de béisbol. Y etiquetan a 127 personas en la foto, de manera que no te salvas de que te llegue un aviso cada vez que una de las 127 personas hace un comentario. Luego al día siguiente aparece uno igual, pero de otro equipo y se declara una guerra entre ambos, donde uno queda atrapado entre etiquetas y comentarios. Por dios, estadísticamente es muy poco probable que tu equipo gane todos los partidos. ¿Vas a seguir creyendo que cada vez que gana uno, es el mejor?. ¿Qué tal si esperamos hasta el final de la temporada, y ahí sí, quien gane puede publicar todas las fotos de leones muertos, águilas desplumadas, barcos hundidos, etc?. Organicemos el entusiasmo por favor.

También están los que creen que facebook es un concurso de quien tiene más amigos. 1349 amigos… “Nojodas, tienes 13 años, tú no has conocido a 1349 personas en tu vida.”

Yo no llego a 180 amigos e igual hay como 150 de ellos con los que tengo el mismo contacto que si no fuéramos amigos en facebook. De hecho, hay algunos con los que el único contacto que he tenido es aceptarlos como amigos o mandarles la invitación. A veces pienso que sería más interesante que existiera una red social de enemigos. Sería al menos más sincera. Habría funciones como “hacerse enemigo de…”, en vez de “me gusta” sería “que estupidez”. O mejor todavía, que en vez de ser una red social aparte sea parte de facebook. Y podrías así un día hacer click en “convertir a este amigo en tu enemigo” si te fastidia mucho.

Bueno, ya que me desahogué, espero no haber ofendido a nadie, y si cuando publique esto en facebook hacen click en “me gusta”, se los agradecería un montón.

El ritual de las parrillas


Una tipica parrilla

En Venezuela las parrillas son como un ritual. Se juntan hombres y mujeres de una misma tribu para celebrar, comer, beber y demostrar cada uno lo que es capaz de hacer.
Como si fuese una antigua ceremonia ancestral los hombres y las mujeres se separan, cada grupo a realizar tareas específicas. Las mujeres se encargan de la preparación de los alimentos mientras que los hombres se encargan del fuego.

Encender los carbones es todo un proceso. Los hombres rodean la parrillera y se pelean por la oportunidad de encenderla. Parece un baile de tambores. A la más mínima falla de uno en el intento de prenderla entra el otro al ruedo criticándolo y desplazándolo. Los que están en la rueda gritan “Ayyy, no sabe prender los carbones, así no es… Quítate” y cánticos por el estilo. Y el que está adentro se defiende: “Estos carbones están vencidos”, “Es que hace mucha brisa”, etc.

Cada hombre trata de realizar la tarea a su manera. Según algunas creencias, el humo del papel periódico invoca a los dioses de las parrillas, por lo que algunos suelen utilizar grandes cantidades de este papel. Otros necesitan la ayuda de sustancias inflamables. Otros se concentran en construír cuevas con los carbones. Todos utilizan al menos media caja de fósforos.

Una vez encendidos los carbones, el que lo logra obtiene el título de “El Parrillero”. De ahí en adelante él tendrá el honor y la responsabilidad de encargarse de la carne. Claro, solo mientras ésta esté sobre la parrillera, ya que las mujeres se encargarán de traérsela adobada, y él solo cuidará que no se chamusque ni que quede cruda. Además será responsable por cumplir con las exigencias de su público que estarán pidiéndole “la mía término medio”, “la mía tres cuartos”, “éste de aquí es el mío”, etc.

A cambio de esta responsabilidad, “El Parrillero” goza de la libertad de comer y comer trocitos de cuanta carne le pase por delante con la excusa de que la está probando. Además, puede reservarse el mejor pedazo de carne que vea para él.

Al final todos dan gracias a los dioses de las parrillas y la ceremonia se cierra con alguien mencionando la típica frase: “Ahora es que está buena la brasa”.

Arreglar un aparato eléctrico a golpes


¿Cuantas veces no se nos ha echado a perder un radio, un televisor o cualquier aparato eléctrico y lo hemos arreglado de un golpe? En mi caso muchas veces.

¿Cuál será la razón por la que estos aparatos tienen la capacidad de acomodarse por el hecho de golpearlos? Es contrario a toda lógica. El sentido común dice que se dañarían más aún, incluso tu mamá seguramente te diría lo mismo si te ve golpeando el televisor, pero muchas veces funciona.

Yo tenía un monitor de computadora de aquellos RGB de 16 colores que de repente se ponía daltónico y mostraba los colores cambiados. Pues la solución perfecta cuando esto pasaba era darle un trancazo por un lado y los colores volvían a la normalidad. Al final tuve que cambiar el monitor, no porque dejara de funcionar mi método, sino porque el trancazo que le tenía que dar ya me hacía doler la mano.

Hace un tiempo el modem de mi computadora comenzó a fallar, a veces parecía que no hacía buen contacto con el cable del teléfono y no era capaz de conectarse. La solución: levantar un poco la computadora del lado del modem y dejarla caer sobre la mesa. ¡Listo!

Ahora, mi computadora empezó a hacer ruidos como si fuera una motocicleta acelerando. Además de los ruidos no había efecto aparente en su funcionamiento así que no le hice mayor caso, aunque sabía que en cualquier momento podía arrancar como una moto y dejarme con el mouse en la mano. Después de unas horas por fin windows se dio cuenta de lo que pasaba y me dijo algo como “Advertencia: el ventilador de la computadora parece que quiere salir volando por su cuenta. ¡Apágala la máquina ya!”

Así que la apagué y me armé con destornilladores de todos los tamaños para ver si llegaba hasta el ventilador y podía cambiarlo por uno de otra computadora vieja que tenía por ahí. Resultó que el ventilador de la vieja no le servía, así que no me quedó más que volver a atornillar el que tenía y volver a cerrar la máquina. Por no dejar la prendí, y resulta que ahora está funcionando a la perfección sin hacer ruidos.

O yo soy muy bueno desatornillando y atornillando cosas, o estos aparatos eléctricos muchas veces lo que necesitan es un recordatorio de cual es su trabajo. Un susto les cae bien: “Sabes qué computadora, si sigues fastidiando vas a ir a parar al cuarto de los trastos encima del betamax, así que mejor te pones las pilas.” Eso o un golpe. El golpe también los asusta.

Imagínense que esto pase también con el cuerpo humano. Cuantos doctores no habrán abierto un paciente y no encuentran nada malo.
- Oye, pero si este riñón está perfecto.
- Bueno, entonces déjaselo ahí y cóselo.
- Menos mal, porque yo lo que iba a hacer era darle un golpe contra la mesa para ver si se acomodaba.
Y después sale el paciente feliz:
- ¡Gracias doctor, me siento muy bien!
- Ehhh… ok… bueno, pase por caja.

Ir a un juego de béisbol


Me encanta ir al estadio de béisbol. Hace mucho tiempo que no iba y ayer por fin pude sacar el tiempo para hacerlo y recordé lo interesante y entretenido que es. Aunque también encontré muchas cosas cambiadas.

Algo que no cambia es la característica de gymkhana o rally que tiene el hecho de ir al estadio. Uno pensaría que a estas alturas del siglo XXI la compra de los boletos sería algo fácil, que se podrían comprar en distintos sitios, en internet o con algo de anticipación. Pero no, hay que ir a comprarlos al mismo estadio, el mismo día del partido, y hacer varias horas de colas o regatear con revendedores, estando pendiente de que no te roben la cartera o el celular. Lo irónico es que existe una página web donde supuestamente se venden las entradas, pero nunca funciona. Para mi, que los buhoneros que se paran frente al estadio tienen la página hackeada para que nadie pueda comprar por ahí y tengan que pasar por en frente de ellos y comprarles alguna gorra, camisa, pincho, etc.

Una vez pasada la primera etapa de la gymkhana viene la siguiente que consiste en estacionarse. De nuevo, uno se imaginaría que habría un amplio estacionamiento, con varias entradas, con gente dirigiendo el tráfico… Pero no, ¿que chiste tendría? El estacionamiento consiste en la combinación de los estacionamientos de los centros comerciales vecinos al estadio. Al que yo fui, tenía 2 canales de entrada, pero ¿para que abrir los dos si se puede abrir solo uno? Así que había que luchar carro a carro en el embudo previo al canal de entrada, para ganarse ese puesto. Luego, encima de la máquina dispensadora de tickets había un tipo que se tardaba 2 minutos escribiendo a mano la hora y la placa del carro sobre el ticket. Por favor no pregunten para qué está la máquina, ¿no ven que es parte de la gymkhana?

Ahhh… finalmente estacionado es hora de entrar al estadio.

Adentro es donde encontré algunas cosas cambiadas. Antes solían vender muchas cosas en el estadio, pero ahora es realmente un mercado persa. Antes lo que vendían era cerveza (1 solo tipo), perros calientes, refrescos, souvernirs del equipo local y por supuesto, papita, maní y tostón. Ahora además de eso venden: todo tipo de cervezas, whisky 18 años, pizzas, empanadas, arepas, cotufas, shawarmas… de todo. ¡Incluso escuché que gritaban “carpacho”! Aunque mi esposa me dice que era “pistacho”, pero yo sigo creyendo que en algún lugar del estadio hay alguien que vende carpacho.

Bueno, después de nueve entradas bebiendo, comiendo, gritando y celebrando haber finalizado con éxito la gymkhana de entrada al estadio, mi equipo terminó perdiendo por paliza. Pero no importa, es parte de la experiencia.

Es interesante como el deporte es el único espectáculo en donde pasa esto. Uno paga por verlo, muchas veces lo hacen mal, pero igual uno vuelve. Es como ir a un concierto y que el cantante desafine y se olviden las letras de las canciones, al guitarrista se le rompan tres cuerdas y el baterista le abra un hueco a la batería de un golpe, y al final digamos “no importa, vuelvo mañana a ver como les va, y de paso busco a ese vendedor de carpacho que quedé con ganas de uno.”

“Mi prima es bioanalista”


Desde hace un tiempo para acá se ha puesto de moda utilizar el carro como una especie de cartelera informativa de los logros familiares. Los automóviles siempre han sido utilizados de alguna manera como fuentes de información acerca de su dueño, pero de manera muy general. Por ejemplo, viendo el carro de alguien podemos saber a qué equipo le va o que tendencia política tiene, según las calcomanías que tenga pegadas. También podemos suponer sus hábitos higiénicos viendo si el carro está limpio o no. Pero ahora el carro es utilizado para informar sobre eventos específicos acontecidos dentro de la familia de su dueño. Sigue leyendo