Archivo de la categoría: Historias

Las Telenovelas y sus cosas


En general las tramas de las telenovelas suelen ser exageradamente enrolladas. Los personajes son muy buenos, llegando al límite de tontos, o muy malos, llegando al límite de personaje malo de una película de Disney.

Están acompañadas por una ambientación musical exagerada, que trata de ponerle interés a diálogos que no lo tienen. Un personaje dice “Hola Papá” y de repente suena un “¡¡Papapapán!!”, como si fuera “Quien quiere ser millonario” y estuvieran a punto de responder la pregunta 15.
- Hola Papá, ¿cómo estás? -¡¡Papapapán!!- Por 100 millones tus opciones son: A. Bien, B. No tan bien, C. Me estoy muriendo, D. Yo no soy tu papá.
- Hmmm, ¿puedo llamar a un amigo?

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Corrida de Toros


¿Cuál es la gracia de las corridas de toros?. Estos hombres que deciden ser toreros toman la decisión de vivir sus vidas vacilando a un animal. Su gran meta sería que el toro les pidiera perdón.
Lástima que los pobres toros no tienen la inteligencia suficiente para imaginarse que es lo que pasa afuera en el ruedo.
Ellos deben estar adentro hablando:
- Oye, ¿qué le pasaría a Pancho que salió hace rato y no ha vuelto?.
- Sí, y la semana pasada salieron otros 6 y no los he visto más…
- Mira… la puerta está abierta, ¿me asomo yo o te asomas tu?. Sigue leyendo

¿Dónde está el sencillo?


¿Para qué cada vez que hacemos una compra con tarjeta de débito nos piden anotar el número de teléfono en el papelito? Incluso hay gente que todavía nos dice que lo firmemos. ¿Será que todavía no se han dado cuenta que ahora dicen “No requiere firma”? Algunos papelitos no tienen ni espacio y uno tiene que garabatear la firma y el teléfono por un lado. Sigue leyendo

Vigilantes Biónicos


Los vigilantes siempre necesitan creer que tienen el control. Es algo que aprenden en la Escuela de Vigilantes: “Siempre háganle creer a la persona con que están que ustedes saben exactamente lo que están haciendo y que todo lo hacen por una razón.” Sigue leyendo

Traduciendo las Películas


Una cosa que siempre me he preguntado acerca de las películas es: ¿Quién diablos traduce los títulos?.
Yo creo que en algún lugar del mundo existe una gran compañía que traduce los títulos de todas las películas que se hacen a todos los idiomas existentes. Lo que pasa es que a veces se equivocan y ponen, por ejemplo, a un chino a traducir un título en inglés al español. Sigue leyendo

Visita al Dentista


Ir al dentista es una experiencia traumatizante. Todo comienza desde el mismo momento en que pides la cita. Todos los estudiantes de odontología ven una materia en la universidad donde les enseñan a nunca cumplir con la hora de la cita.

Antes de graduarse hacen un juramento: “Prometo hacer lo posible por no darles a mis pacientes citas a horas determinadas. Todos tendrán que venir desde muy temprano a esperar a que pueda atenderlos. Y si acaso me veo en la obligación de citarlos a horas específicas, juro nunca atenderlos menos de cuarenta y cinco minutos después de la hora”.

Así que la secretaria del doctor te dice muy amablemente: “El martes en la tarde”, y tu le preguntas “¿a qué hora?”.
“Es por orden de llegada”.
Desde ese instante sabes que no vas a hacer nada más el martes por la tarde.

Entonces llegas a las 2 de la tarde al consultorio, porque la secretaria te dijo que podías llegar a partir de esa hora. Para tu sorpresa te encuentras con cinco pacientes más que llegaron antes que tu. Lo que tu no sabes es que esos pacientes vinieron con el consultorio cuando se lo vendieron a tu doctor, porque no importa lo que hagas, nunca vas a ser el primero.
Le das tu tarjeta a la secretaria y te sientas. Las sillas están hechas según una normativa existente que rige la construcción de asientos para consultorios médicos. Están fabricadas de tal forma que en cualquier posición te sientas incómodo, y están puestas una muy cerca de la otra de manera que tu y tu vecino se molesten mutuamente.

En algunos consultorios el doctor trata un poco más de no ser tan cruel con sus pacientes y pone un televisor. Esto funciona de forma contraria a como piensa el doctor, porque es una tortura para los pacientes calarse todas las novelas que ponen a esas horas, una tras otra. Esta parte de la visita al dentista es particularmente larga y desesperante.
Luego de ver un rato como la protagonista de la novela está en la cárcel porque su hermana malvada, que está enamorada del mismo hombre que ella, la acusó de haber asesinado a su padre, quien no era su verdadero padre ni está realmente muerto pero ella no lo sabe; y después de cabecear otro rato, te das cuenta de que el doctor entra por la puerta del consultorio.

En este momento sientes que te tomaron el pelo. Tu pensabas que el ya estaba adentro atendiendo pacientes. Tu tenías la esperanza de que pronto iba a ser tu turno, pero el acaba de llegar. Todo este tiempo solo estabas haciéndole una antesala, esperando a que se dignara a aparecer.
Quince minutos más tarde (no sabes por qué) es que llaman al primer paciente. Después de ver todo el tiempo que tarda en salir el primero pierdes toda esperanza de salir temprano de ahí.

Finalmente llaman al anterior a ti y tu te emocionas. Luego de esperar ansiosamente por otros largos cuarenta y cinco minutos, el paciente sale. Tu te alistas, te peinas y te despiertas. Justo en ese momento entra otro paciente al consultorio, habla con la secretaria y pasa a ser atendido por el doctor.
Tu ves todo esto, primero con sorpresa y luego con rabia. Te pones de pié y vas hacia donde la secretaria y le reclamas que tu eras el próximo, a lo que ella responde que el paciente que pasó había llegado muy temprano y había reservado su puesto.
“¡¿Qué?!. ¡¿Y a mi por qué nadie me dijo que eso se podía hacer?!”.
Definitivamente es desesperante.

De esta forma vuelves a tu asiento, y sin ganas de ver más novelas te pones a leer revistas. En la sección de farándula de una revista ves el primer lugar de la cartelera de canciones más escuchadas: “Thriller” de Michael Jackson. Miras la portada y ves la fecha: “Marzo de 1983”. Revisas todas las demás y te das cuenta de que la más nueva es la que estabas leyendo. Luego tomas otras revistas de otro montón y notas que son todas folletos de medicinas dentales, con fotos de gente con la boca abierta (una de las peores poses que existe para tomarse una foto).

Finalmente escuchas tu nombre. Al principio no sabes qué sucede, miras a tu alrededor sin saber exactamente de donde proviene el sonido. Ves a la secretaria asombrado y observas en cámara lenta como ella lo repite. Solo ves su boca moverse, porque como es en cámara lenta, lo que escuchas es el sonido de un disco a baja velocidad. Sueltas los folletos en la mesa y te pones de pié triunfante. En ese instante olvidas tus ganas de entrar y recuerdas que lo que va a pasar allá adentro va a ser doloroso. Avanzas lentamente viendo las caras de los demás pacientes buscando compresión y aliento, pero ellos te ven a ti con cara de envidia, porque ellos todavía están en la etapa en que tu estabas hace unos momentos.

Entras, la secretaria te pide que te recuestes y se va. Tu te quedas solo por unos minutos viendo la variedad de filosos utensilios que están sobre la mesita junto a ti, preguntándote para qué sirven y cual de ellos usará el dentista en tu boca. Entonces el entra y comienza a hacer su trabajo.
A los pocos instantes tu te encuentras tan tieso como un trozo de madera y te has deslizado medio metro hacia abajo en la silla. El doctor siempre te pide que te relajes, pero a los pocos minutos vuelves a tu posición preferida: tronco deslizado.

Y una de las cosas que más provocan impotencia es cómo los doctores se aprovechan de su posición para siempre quedar bien. Por ejemplo, supón que al entrar le dijiste que el trabajo que te hizo la última vez no sirvió. El no te va a responder en ese instante, el va a decir: “Vamos a ver” y luego, cuando tenga un par de aparatos introducidos en tu boca, entonces te va a decir:
- Me parece que el problema es que no hiciste lo que te dije.
Y tu solo podrás decir: “Uh-um”.
- ¿Seguiste las instrucciones que te di?
- Ajá.
- ¿Qué comiste ese día al salir de aquí?
- Ajajá.
- Te dije que no debías masticar cosas tan duras…
- ¡Ajajá… jo jo jojí ejo…!
- Bueno, ten más cuidado la próxima vez.

Finalmente el trauma termina y tu solo puedes pensar en que por fin puedes seguir adelante con tu vida y en lo feliz que vas a ser fuera de ese consultorio, pero solo hasta el momento en que la secretaria te recuerda:
- Tiene cita para la semana que viene.